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lunes, 18 de enero de 2016

Hasta que aplomen

Centro de Menores de Sograndio. Foto/ Mario Rojas.

Castigos desproporcionados y arbitrarios, violencia, rebeliones, intentos de fuga y de suicidio, incendios… el Centro de Internamiento de Menores de Sograndio parece algo peor que una cárcel para niños, según los ingresados, sus familiares, los propios trabajadores y los vigilantes, que responsabilizan al equipo directivo y han llevado sus denuncias al Defensor del Pueblo, que advierte de que no se cumplen buena parte de sus recomendaciones para prevenir la tortura.
*Todos los nombres recogidos en el reportaje son seudónimos por razones de privacidad de los menores y de evitar represalias laborales hacia los trabajadores del centro. La Ruta contra’l racismu pone a disposición de las familias y los jóvenes que han pasado por Sograndio el correo  rutasograndio@nodo50.org para que puedan compartir sus experiencias y crear una red de apoyo
Patricia Simón / Periodista.
Cuando Jesús tenía siete años le robaron la bici. Su padre le pegó una paliza y le mandó de vuelta a la calle a recuperarla. Le dijo que no volviera sin ella porque lo mataba. A los once, le abrió la cabeza a golpes. Su padrastro tuvo que ir a buscarlo de madrugada. Estaba escondido detrás de unos cubos de basura en una carretera rural. A los dieciséis, estaba en el Centro de Menores infractores de Sograndio, el único en la región para adolescentes con condenas, cumpliendo tres meses por robo y estafa, por comprar con billetes falsos.
Al mes, disfrutaba de su primer permiso de salida de fin de semana. Era el premio, según Amelia, su madre, por chivarle información sobre otros internos al director del centro, Manuel Ramos. A los diecisiete, Jesús vuelve a Sograndio, de nuevo, por robo, como el 90% de los internos. Ya no está dispuesto a hacer de topo y a la vuelta de su primera salida de fin de semana le hacen una analítica. Da positivo en Tranquimazín. Él lo niega y pide, junto a su madre, la repetición de la prueba. Según Amelia, a la que su exmarido había machacado a base de palizas hasta el punto de romperle una vez cuatro costillas y provocarle un aplastamiento de la pleura pulmonar, Ramos le amenaza con suprimirle todos los permisos de salida si siguen adelante con su reclamación.
“Le decía que iba a acabar como su padre, yonqui y en Villabona, que cómo le iba a querer su padrastro siendo como era, que le dijera a la loca de su madre que dejara las cosas como estaban”, cuenta. Se echan atrás por temor a las represalias. La sanción impuesta por el ansiolítico es impedirle que pueda continuar con sus estudios en la Fundación Laboral de la Construcción. Su educadora y su profesor le piden al director que le permita seguir formándose ya que era palpable su motivación, además de ser la herramienta más eficaz para su reinserción. La dirección se niega y pasa los tres meses que le quedan de internamiento viendo pasar las horas o encerrado en la habitación de aislamiento.
Rubén pasó 21 días encerrado en una de estas salas. Cama, mesa y silla de hierro. Hasta la inspección del Defensor del Pueblo de España en 2013, que identificó numerosas irregularidades en el funcionamiento del centro, la ventana permanecía siempre abierta, por lo que Rubén se congela por las noches. El agujero en el suelo en el que tienen que hacer sus necesidades despide un olor putrefacto. Rubén había tomado unos tranquilizantes que otro de los internos había guardado de los que recetan en el centro a los menores con problemas mentales. Orphidales, Tranquimazines, Transiliums eran empleados habitualmente hasta hace unos años como una manera de apaciguar a los menores. Drogado, Rubén intenta escapar pero es interceptado. Tras encerrarle, un guardia de seguridad da la voz de alarma. El chaval necesita urgentemente ir al hospital por los efectos de los ansiolíticos. Tras ser atendido intenta escaparse de nuevo y la policía lo derriba, lo esposa y le aplasta la cabeza contra el suelo bajo su rodilla. Le rompen cuatro dientes –visiblemente reconstruidos–. Cuando vuelve al centro le muestra a Ramos el resultado de la agresión. “Pues a aislamiento, para que reflexiones”, dice Rubén que le contestó el director. Con el dolor de los dientes rotos y una infección en las encías pasó 14 días sin más atención médica que los calmantes que le recetó la ATS del centro. Aún pasó una semana más de encierro.
Puesto que el reglamento de la Ley del Menor establece que no pueden pasar más de 7 días aislados, pasado este plazo le sacaban a una estancia cerrada durante media hora para reiniciar el castigo. El Defensor del Pueblo ha llamado la atención en sucesivas ocasiones por el excesivo empleo de la medida de aislamiento en Sograndio, que debe limitarse a “razones terapéuticas y de seguridad (…) siendo proporcional a la infracción cometida y por el período de tiempo más breve posible” según este organismo. En 2013, de los 79 expedientes incoados contra menores por la dirección del centro asturiano, 78 fueron resueltos con encierros en estas llamadas ‘camarillas’.
En junio de 2015, la Asociación de Vigilantes de Seguridad del Principado de Asturias (AVISPA) presente una queja ante la Defensoría por la situación “caótica” que vive el centro, denunciando que los internos sufren “castigos desproporcionados y arbitrarios, ordenados por la propia Dirección del Centro en base a criterios personales y no objetivos o pedagógicos”. El organismo vuelve a enviar un equipo de técnicos, que comprueba que la sanción de aislamiento sigue empleándose de manera frecuente y alargándose excesivamente, cuando según esta institución deberían priorizarse castigos alternativos como “la privación de salidas de fines de semana o recreativas”. Sograndio incumple 11 de las 41 recomendaciones del Defensor del Pueblo recogidas en su último informe de prevención de la tortura para los centros de menores.
“Cuando salí de Sograndio para la graduación de mi hermana, tuve que salirme de la celebración porque me ahogaba, no podía estar entre tanta gente. Sentía como si estuviera andando con un vaso encima de la cabeza, que tienes que ir muy despacio para que no se caiga”, nos explica Rubén a la salida del instituto, donde ha retomado sus estudios. Según la resolución 45/113 de la ONU (“Reglas para la protección de los menores privados de libertad”), “estarán estrictamente prohibidas todas las medidas disciplinarias (…) que constituyan un trato cruel e inhumano, la reclusión en celda oscura, y las penas de aislamiento o de celda solitaria”.
Todos los testimonios de menores recogidos en este reportaje han sido corroborados con los trabajadores del centro que convivieron con ellos durante los hechos.
Grilletes en la cama
El uso de grilletes solo está autorizado como medida de contención hasta que el menor se calme. Sin embargo, no son infrecuentes casos como el de Rubén, que llegó a quedarse dormido esposado en una silla después de más de seis horas en esa posición. “Por supuesto que los grilletes son, en ocasiones, necesarios, como cuando intentan autolesionarse. Pero no durante tantas horas como a veces se les dejan puestos. Y, además, si nos dejaran a los educadores hablar con ellos podríamos intentar calmarles, pero no nos dejan”, nos cuenta un/a educador/a.
“He visto chavales esposados de manos y pies en una cama y un vigilante pegándoles, porque Manolo les ordena contundencia. Había un chaval que sacó la ESO estudiando solo, porque el director no autorizó que fuera a la escuela. No le soportaba porque si no le ríes las gracias, te cruza. Pese a todo, gracias a nuestra insistencia, terminó accediendo a una plaza en una escuela taller y estaba feliz porque su novia estaba embarazada y pensaba que con esta formación podría sacarle adelante. El mismo día que iba a empezar el curso, Manolo ordenó una analítica. Dio positivo en Tranquimazín. Lo había tomado para dormir porque estaba nervioso con la oportunidad que se le presentaba. Como castigo le retiró los permisos para asistir a la escuela taller. El muchacho lloraba y gritaba: ‘Manolo mátame ya’. Los vigilantes lo llevaron a la cámara de aislamiento y lo ‘engrilletaron’ a la cama. Cuando subo a verle, el director había ordenado a un profesor de talleres que arreglara justo en ese momento una rejilla taladrando en la pared que estaba justo a la  altura de su cabeza”.
Un interno en el interior del centro. Foto / Mario Rojas.
El testimonio es solo uno de los numerosos que hemos recogido de trabajadores del centro, ex presos, familiares de éstos y el portavoz de la Asociación de Vigilantes de Seguridad del Principado de Asturias, Jorge Fernández. Aluden a castigos desproporcionados y arbitrarios, extorsión y chantaje a los menores para que les chive información sobre otros internos o sobre los trabajadores a cambio de privilegios que, según el reglamento de la ley, son derechos fundamentales como las salidas, la formación, la comunicación por teléfono y escrito, así como visitas con sus familiares y amigos. En general, solo autoriza visitas de los progenitores.
Fugas por hartazgo
Alberto protege en su regazo a su cachorro de dos meses. “Son muy listos, cuando estás triste vienen y te lamen”, dice. Tiene 18 años, no conoce a su padre y, como el resto de los jóvenes entrevistados, no niega sus delitos, también consistentes en robos. “Empiezas robando una bici, después un quiosco, te ves con dinero y quieres más. En realidad no necesitas más, pero piensas: ¿por qué no voy a vivir bien todas las semanas?”.
El edificio central de Sograndio está dividido en cuatro plantas, destinadas, respectivamente, a los menores de 16 años, mayores de esta edad y las chicas. La primera, el módulo de separación interno, estaría destinada a los conflictivos, los que cada vez cometen delitos más graves o los que requieren una atención más individualizada a su llegada al centro. Aquí terminó Alberto, pese a la oposición de sus educadores por su buen comportamiento, en un área en la que los 5 menores que suelen estar de media no pueden tener contacto con el resto de los internos y con muchas más barreras para acceder a permisos de salida. Según varias fuentes, en la actualidad el módulo interno aloja cuatro perfiles de muchachos: “conflictivos, reincidentes, fuguistas y desgraciados, es decir, a los que el director tiene enfilados”.
En estos momentos hay un menor que lleva 16 meses encarcelado en esta planta. Entró con 16 años. Tras cuatro meses sin sanciones por mal comportamiento, se le iba a conceder permiso para salir el fin de semana. Durante dos días se ausentó de los talleres por encontrarse mal y la dirección ordenó una analítica, que dio positiva en estupefacientes, por lo que se le retiró el permiso. Varios trabajadores del centro dudan de la veracidad de los resultados. “Es un niño que nunca tenía que haber estado en esa planta porque no es conflictivo, es inquieto y muy inteligente. Pero como no le ríe las gracias a Manolo lo tiene cruzado”, nos dicen. Una expresión empleada habitualmente por Ramos con respecto a los castigos a los adolescentes es: “Hasta que aplomen”, según cuentan.
“Cuando llevaba un mes ahí, viendo siempre a los mismos cuatro chavales, cinco educadores y cinco vigilantes, solo pensaba en que pasaran los días. Estuve seis meses y medio hasta que tuve mi primer permiso de fin de semana. Pero a los 8 meses me fugué porque sabía que la iba a liar dentro, estaba que iba a explotar y no quería joder todo lo bien que me había portado los meses previos”, dice Alberto. Según los educadores entrevistados, el auge de las fugas –este verano había un 25% de los 35 presos fugados– tiene relación directa con la drástica reducción de los permisos de salida impuesta por la dirección. “Según el reglamento, el centro está para enseñarles a vivir en la calle porque es adonde van a volver. Una condena para un menor es equivalente a cuatro veces la que sería para un adulto. Se fugan cada vez más porque están más hartos de la arbitrariedad, porque el personal estamos más hartos, porque tienen a los buenos educadores aislados. Antes había menos fugas porque los chavales se comprometían con los educadores y las medidas. Pero si el ambiente es insano, ¿qué les une al centro?”, explica una de las personas que trabajan en Sograndio. “No es la cárcel, estamos ahí para que nos ayuden, no para que nos jodan más”, nos dice Alberto, que se entregó tras pasar las Navidades junto a su familia.
“A mí me han pegado algunos guardias, no como los policías, pero sí de dejarme marcas. Pero, ¿qué vas a decir? No soy un chivato y, además, lo hacen porque Manolo les obliga y tienen miedo a que les echen”. Los tres ex internos entrevistados denuncian haber sufrido violencia física por parte de algunos vigilantes, algo que confirman trabajadores del centro. Según Jorge Fernández, portavoz de la Asociación de Vigilantes de Seguridad del Principado de Asturias (AVISPA), los guardias reciben directrices directas del director en este sentido: “Nos consta que se ha ordenado de forma verbal mano dura contra los chavales. No lo hemos denunciado porque no podemos demostrarlo”. Y añade sobre la denuncia por castigos desproporcionados a los internos que presentaron que “no todos los vigilantes cumplen las órdenes porque, tal como recoge nuestro reglamento, deben ser presentadas por escrito y ajustadas a la legalidad. Pero hay otros que sienten la presión laboral y obedecen (…) El director del centro actúa como un terrateniente, quiere emplear a los guardias como su propio cuerpo paramilitar, pero son profesionales y no van al trabajo a descargar su ira”.
Desde noviembre de 2014, la empresa contratada por el Gobierno del Principado de Asturias para vigilar Sograndio es Alcor, que está siendo investigada por presunto fraude fiscal y a la Seguridad Social en varias Comunidades Autónomas. El 16 de octubre fueron detenidos para prestar declaración el gerente de la empresa, Carlos Somoza, y la jefa de seguridad de Sograndio, Belén Rodríguez, quien según el informe policial de la Jefatura Superior de Asturias, al que ha tenido acceso ATLÁNTICA XXII, es  “cooperadora necesaria en la comisión de varios delitos”. Una investigación que lleva desarrollándose desde hace más de un año y que ha puesto “en evidencia aspectos muy relevantes de las actuaciones irregulares de esta empresa” en Asturias.
AVISPA ya había interpuesto 16 denuncias contra esta empresa por retrasos en los pagos a los guardias de este centro, el de Miraflores y de la Ciudad Residencial de Perlora, algunos de los organismos cuya vigilancia le adjudicó el Gobierno asturiano. Alcor no está adscrita al convenio nacional de tablas salariales en seguridad. Un vigilante de Sograndio cobra unos 1.100 euros de media, 300 menos que en la mayoría de las otras empresas del sector. El contrato para este centro asciende a 2,8 millones de euros anuales por 35 vigilantes, 5 por turno, uno menos que con la anterior empresa. Solo en lo que llevamos de 2015, se han producido en Sograndio 5 fugas y varios intentos fallidos.
Expulsiones de extranjeros
Pero lo que hizo dar el paso a 19 educadores y dos educadores auxiliares de hacer público un comunicado denunciando una gestión autoritaria y arbitraria del centro fue la detención en septiembre de E.M.D. por parte de una patrulla de la Brigada de Extranjería dentro del propio centro el día en que iba a ser puesto en libertad para proceder a su deportación (ver web de ATLÁNTICA XXII). “El joven y su familia desconocían que esto fuera a suceder. Nos preguntamos si éste es un modo de proceder habitual con las personas que finalizan una medida o pena privativa de libertad”, denunciaban en el escrito. La Policía no tiene acceso a las fechas de salida de los internos por lo que los abogados de E.M.D. entienden que tuvo que ser la dirección de Sograndio la que le informó con antelación para que le detuvieran. Fuera le esperaba su familia, todos con permiso de residencia y trabajo en España, incluida su abuela. E.M.D. llevaba en España desde los 4 años, pero fue deportado a Bogotá, donde no conocía a nadie ya que ni siquiera era la ciudad de origen de su familia.
Los trabajadores del centro explicaban en su comunicado que, cinco días antes de su puesta en libertad, E.M.D. tenía una cita en el Consulado de Colombia para regularizar su situación legal. Sin embargo, el director impidió que acudiera argumentando alto riesgo de fuga. “Desconocemos las razones que motivan esta actuación, pero extraña que se calificara con tan alto nivel de riesgo de fuga esta salida cuando el interno finalizaría su medida cinco días después”, exponían.
Esta situación ya se había dado un año antes, cuando un joven de origen marroquí fue detenido en la sala de visitas del centro el día que recuperaba la libertad para ser deportado en las horas siguientes. Sus educadores se despidieron de él sin saber la suerte que le esperaba.
La situación en Sograndio no ha dejado de empeorar en los últimos meses. A las denuncias públicas de los trabajadores, se han sumado los intentos de fuga, dos incendios provocados por los propios menores en las cámaras de aislamiento –“¿Qué le lleva a una persona a prender fuego en una habitación en la que está encerrado sabiendo que el vigilante que tiene la llave no está cerca?”, espeta un/a educador/a– y un presunto intento de suicido.
En este último caso, el menor, que se encontraba en la sala de aislamiento el mismo día en que fue ingresado, fue obligado por la dirección a ir a un taller media hora después de que, supuestamente, intentara ahorcarse. Vigilantes y educadores/as no entienden por qué no fue atendido por el personal psicológico, en lugar de ser enviado a un espacio con herramientas peligrosas para su integridad. Ante las críticas públicas que suscitó esta decisión, la Consejería de Presidencia, de la que depende Sograndio, manifestó que el centro cuenta con un Protocolo Antisuicidios –un mecanismo que el Defensor del Pueblo ya había pedido que se desarrollara en su informe de 2013– y que se había cumplido estrictamente. ATLÁNTICA XXII ha tenido acceso al Proyecto educativo del centro de Sograndio, donde no aparece recogido ningún protocolo de estas características.
Concentración en septiembre de la Ruta contra'l Racismu por la deportación exprés de un joven que estaba ingresado en Sograndio. Foto / Pablo Lorenzana.
Concentración en septiembre de la Ruta contra’l Racismu por la deportación exprés de un joven que estaba ingresado en Sograndio. Foto / Pablo Lorenzana.
Prefieren Villabona
Manuel Ramos lleva desde 1989 dirigiendo Sograndio en una plaza que es de libre designación por el Gobierno de turno. Han pasado varios y la figura de Manuel Ramos es incuestionable. “No entendemos por qué no se acepta ninguna crítica al modelo de gestión de este centro, ni por qué piensan que todos los trabajadores que firmamos estos comunicados tenemos una animadversión personal contra Ramos, ni por qué no se plantean que quizás tengamos algo de razón”, dice un/a educador/a del centro.
Hasta el año 2000, solo los menores de 16 años cumplían condena en Sograndio. Con la reforma de la Ley del Menor de ese año, se amplió la edad para este tipo de encarcelamientos hasta los 18, que se pueden alargar hasta los 21 en casos excepcionales. Sin embargo, ya ha habido dos jóvenes que solicitaron cumplir el resto de su condena en la prisión de Villabona una vez alcanzaron la mayoría de edad. Según los educadores, la razón es porque piensan que allí las reglas serán claras mientras que en el centro están al albur de las decisiones personales del equipo directivo. Un trabajador del centro advierte de que el problema no se limita exclusivamente al director, sino a las prácticas que ha implantado y que ha asumido y normalizado el equipo de coordinación que trabaja con él desde hace dos décadas. “Hace unos años sí se podía trabajar. Pero lo que era una encomiable dedicación del director terminó convirtiéndose en una obsesión”.
A lo largo de este año ha habido picos en los que dos de los cuatro educadores de la primera planta y el 40% de los vigilantes han estado de baja, una parte significativa de ellos, según dicen desde ambas áreas, por depresión y estrés laboral. Según trabajadores del centro, en las casi tres décadas de existencia de Sograndio se han abierto 6 expedientes contra educadores y auxiliares, cuatro de ellos en los últimos 9 meses. Tres fueron contra personas que se han posicionado públicamente contra la dirección del centro. Han sido archivados.
“El problema de Sograndio es la gestión, muy autoritaria, arbitraria y muy metida en las pequeñas cosas. Se ningunea y hostiga a la plantilla continuamente desde el equipo directivo, no tienen en cuenta nuestro criterio a la hora de tomar decisiones. Yo no digo que lleve siempre la razón, pero sí que pueda transmitir información porque paso 8 horas con los chicos. Pero que nos desprecien porque digan que estamos siendo manipulados por ellos hace que nos sintamos pisoteados como profesionales”, dice un/a educador/a.
Recientemente se les ha prohibido a los educadores del módulo interno salir sin pedir permiso a los coordinadores y, según AVISPA, la dirección ordena a los guardias que vigilen a los educadores.
“Lo que está ocurriendo en Sograndio es muy grave porque tenemos una responsabilidad enorme, es una inversión social: si no se hace bien, además de los costes humanos para los chicos si continúan delinquiendo están los económicos para toda la sociedad”, reflexiona un trabajador del centro.
El último incidente grave fue el pasado 1 de enero, provocado por varios internos que llegaron a retener a algunos educadores en lo que algunas fuentes calificaron de motín, aunque en la Consejería no le dieron tal trascendencia. Los responsables acabaron en celdas de aislamiento tras la intervención de los guardias de seguridad.
La reinserción no solo depende del centro porque, como explica uno de los educadores, “los chavales vuelven a su entorno social: familias desestructuradas, falta de atención y protección, problemas de violencia y drogodependencias… Pero si el centro funcionara mejor, si las decisiones fueran tomadas de manera multidisciplinar contando con todo el equipo, si se tuviera como referencia la vuelta a la vida en la calle, sí que tendrían más oportunidades para mejorar sus vidas”.
PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 41, NOVIEMBRE DE 2015
Publicado el enero 18, 2016

jueves, 12 de marzo de 2015

STOP redadas internamientos y deportaciones


Hoy nos concentramos en este Juzgado para denunciar el hostigamiento que la Brigada de Extranjería de la Policía Nacional de Oviedo, dirigida por el Delegado de Gobierno Gabino de Lorenzo, realiza contra la población migrante que vive en Asturies y, especialmente, en Oviedo. Las redadas policiales racistas han sido una constante en los últimos años, con identificaciones en las estaciones de trenes y autobuses, en los locutorios, a la puerta de las escuelas y de las asociaciones… Cada día, de media, una persona es encerrada en los calabozos en Asturies por el único motivo de carecer de permiso de residencia. Pero en los últimos tiempos los dispositivos policiales son aún más brutales. No se llevan a cabo solamente redadas racistas contra cualquier persona migrante, sino que se programan redadas específicas por nacionalidad para llenar vuelos de deportación: ante la planificación de uno de esos vuelos con destino Senegal y Nigeria para el pasado 25 de febrero, en las semanas previas a esa fecha la Brigada de Extranjería comenzó a hostigar a la población senegalesa incluso en sus domicilios. Así, los policías acudieron, al menos, a varios pisos situados en el barrio de Pumarín. Varias personas de la mencionada nacionalidad fueron detenidas, pero finalmente los jueces y juezas decretaron su libertad, abortando los planes policiales de internarles en un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) para su posterior deportación. Frustrados sus planes, los policías volvieron a presentarse en uno de los domicilios el mismo día 25 por la tarde, cuando el vuelo de deportación ya había despegado. Su objetivo era continuar con el hostigamiento y provocar a los miembros de la comunidad senegalesa que están sufriendo este acoso. La operación policial incluyó insultos racistas y golpes y patadas contra la puerta del domicilio de estas personas migrantes, al que acabaron accediendo sin orden judicial. La Ruta contra’l racismu y la represión ACUSA a Ignacio Cosidó, director general de la Policía Nacional, de mentir cuando niega la existencia de redadas racistas.

La Ruta contra’l racismu y la represión EXIGE

• el fin de las redadas, de las detenciones por carecer de permiso de residencia, de los internamientos y de las deportaciones

 • la absolución de la persona hoy acusada por la policía, víctima del hostigamiento al que está sometida toda la población migrante

STOP redadas, internamientos y deportaciones. 
Ruta contra´l racismu y la represión


viernes, 27 de febrero de 2015

Acoso policial contra migrantes con papeles en Oviedo

Denuncian tácticas de acoso policial contra migrantes con papeles

Un grupo de agentes detiene a un senegalés en un piso compartido de Oviedo en el que ya se habían realizado otras redadas

El avión fletado con Air Europa para deportar migrantes en situación irregular ya ha salido de España, pero la policía continúa realizando redadas en pisos compartidos en los que residen ciudadanos extranjeros. La última tuvo lugar la noche del miércoles. Un grupo de agentes esperó en el portal de un piso compartido de Oviedo, en el que ya habían entrado varias veces a que llegasen sus vecinos y después golpeó la puerta y les increpó. La actuación se saldó con la detención de un ciudadano senegalés que se encuentra en situación regular en España, con todos los permisos en regla, según han precisado activistas de la Ruta contra'l racismu y la represión .

Concentración contra una nueva detención de un migrante en Oviedo

Este colectivo ha denunciado que se trata de una táctica de acoso, de vendeta y de represión. Precisan que, de los cuatro detenidos en los últimos días en Asturias, todos quedaron en libertad gracias al trabajo de los abogados y ninguno pudo ser deportado.

Para protestar contra esta última detención ya se han registrado dos concentraciones. Una espontánea, la misma noche del miércoles, ante la comisaría de la Policía Nacional. La segunda la convocó la Ruta contra'l racismu y la represión a primera hora de la mañana, frente a los juzgado. Alrededor de 70 personas, que portaban pancartas, exigieron el fin de las redadas y las deportaciones. Esperan que el senegalés detenido pase a disposición judicial a lo largo del día, para así conocer los delitos que se le imputan, reclamar su puesta en libertad y comenzar a trabajar en su defensa.

No es la primera vez que se producen hecho similares. Eduardo Romero, coautor del libro Paremos los vuelos y activista de Cambalache y de la campaña estatal por el cierre de los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs) señala que, en los días previos a un vuelo de deportación, la presión policial sobre la población migrante en Asturias aumenta de forma exponencial. 

26/02/2015

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La policía aumenta las redadas de migrantes para llenar los vuelos de deportación

El procedimiento es siempre muy similar. Los días previos al vuelo la policía incrementa las redadas a migrantes para llenar los aviones. Aquí, en Asturias, pese a la escasa población extranjera en situación irregular, el celo de las fuerzas de seguridad es alto. El vuelo Madrid-Dakar-Lagos, con salida el 25 de febrero, ha generado una vez más un aumento de la presión sobre los migrantes.

Al menos cuatro personas, que se conozca, han sido detenidas en los últimos días en Asturias para conseguir completar el vuelo a Senegal y Nigeria. En todos los casos, la policía ha ido directamente a buscarlas a sus casas y, en todos ellos también, han tenido que ser puestos en libertad. Pero no siempre corren la misma suerte.

Una quinta persona, un senegalés, fue detenida a última hora del miércoles. Su arresto terminó con una concentración en señal de protesta. Las imágenes de la movilización acompañan esta noticia. 

Eduardo Romero, coautor del libro Paremos los vuelos y activista de Cambalache y de la campaña estatal por el cierre de los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs), conoce a fondo la forma de proceder de la policía. Romero señala que, en los días previos a un vuelo de deportación, la presión policial sobre la población migrante en Asturias aumenta de forma significativa.

Concentración tras la detención de un senegalés.
El objetivo es llenar los vuelos a cualquier precio. Y es que el negocio de las deportaciones es jugoso. Air Europa y Swiss Air se embolsarán 24 millones de euros del Estado en dos años (2013 y 2014) tras haber sido las únicas compañías que optaron al concurso. El nuevo concurso, que se resolverá en breve, le saldrá al Gobierno central algo más barato: 12 millones de euros para 2015 y 2016.

En libertad y acosado

La forma de proceder de la policía los días previos a los vuelos es muy similar. Redadas en las calles para pedir documentación, sobre todo, en zonas cercanas a las estaciones de autobuses. Búsquedas directas en las casas, que se han incrementado desde septiembre de 2013. O detenciones en extranjería tras haber sido llamados para resolver trámites administrativos... Uno de los detenidos en Oviedo estos días, puesto en libertad por la jueza, fue acosado de nuevo por los agentes en su domicilio.
La Ruta contra'l racismo y la represión ha comprobado que la policía extrema el celo una semana antes de los vuelos y todavía más en las 72 horas previas para evitar, así, que los migrantes tengan que pasar a disposición judicial. Las redadas se incrementan también los viernes para tratar de pillar a contrapié a los abogados de la ruta. 
Los datos facilitados por Eduardo Romero, que se incluyen en una respuesta parlamentaria del Gobierno de España, revelan que en 2013 se realizaron en todo el país 13.986 deportaciones. 6.462 se produjeron directamente desde el calabozo, 4.726 desde los CIES y 2.798 desde prisiones. Los datos de Asturias están mucho menos claros. Romero, que cita un informe de la Defensora del Pueblo, señala que 349 migrantes acabaron en los calabozos en 2013 por no tener papeles. No todos ellos, sin embargo, son deportados.

Esposados y desnudos

Los que corren peor suerte son trasladados al CIE de Aluche antes de acabar en el aeropuerto de Barajas. La Ruta contra el racismo ha denunciado que los migrantes son conducidos con esposas o grilletes, obligados en ocasiones a desnudarse íntegramente e incluso sedados si se niegan a subir al avión. 

Durante 2013, último año del que se conocen los datos, se registraron 148 vuelos de deportación. Colombia, Ecuador, República Dominicana, Nigeria, Senegal, Malí, Georgia, Pakistán y Marruecos son los principales destinos. Los vuelos no siempre se llenan. De hecho, Romero señala que en algunos casos referidos a Colombia o Ecuador se han registrado 91 deportados frente a 145 escoltas. El coautor de Paremos los vuelos añade que, tras haber tenido ocasión de hablar con pilotos y auxiliares, han constatado que los agentes al cargo llevan maletines con dinero para pagar mordidas y evitar problemas en países como Nigeria.

La Ruta contra el racismo trata de no generar alarmismo entre los migrantes pero les advierte de que tomen precauciones cada vez que se aproxima un vuelo. "Hay gente que se queda en casa y gente que se la juega", comenta Romero. "Nosotros les recordamos que tienen derecho a no abrir la puerta y que no están obligados a presentarse en extranjería sin les llaman", añade. La mayoría de los deportados residen en Madrid, Valencia, Andalucía, Cataluña y Ceuta y Melilla. "En Asturias, el celo policial resulta desproporcionado", concluye Romero. 

26/2/2015


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Denuncian la «caza» de inmigrantes




Miembros de la Ruta contra el racismo se concentraron el miércoles ante la sede de la Policía Nacional y ayer en el Juzgado para denunciar la «caza» de inmigrantes, detenidos «para llenar los aviones que los deportan».

27/02/2015

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Noticia en rtve (Panorama regional, 26/2/2015, min. 16' 15''  ): 

martes, 30 de diciembre de 2014

CONDENADA UNA MUJER MIGRANTE POR RESISTIRSE A SU DEPORTACIÓN.

La Campaña por el Cierre de los CIE se solidariza con Sandra y denuncia que fueron los policías quienes la golpearon e insultaron.
 
El pasado 28 de noviembre, la Campaña estatal por el cierre de los CIE, formada por colectivos de múltiples territorios del Estado español, hacía un llamamiento para acudir al Juzgado de lo Penal de Madrid en solidaridad con Sandra, migrante latinoamericana acusada de atentado y lesiones durante el operativo de deportación que tenía como objetivo expulsarla del país.
 
La sala del juicio se llenó, quedando incluso bastante gente fuera. Las personas que asistieron al juicio, presenciaron aquel día el testimonio de Sandra, que relató cómo uno de los dos policías que la iba a trasladar al aeropuerto la golpeó mientras ella permanecía engrilletada de pies y manos. Sin embargo para la Campaña estatal por el cierre de los CIE, la violenta actuación policial no es un hecho aislado. “Son constantes los testimonios de migrantes que, en su deportación, sufren los golpes y los insultos de la policía. También existen vídeos, tanto en estancias del CIE como en el aeropuerto, en los que se observa lo que es ya práctica habitual de los escoltas. ElProtocolo para las deportaciones, aprobado en 2007 tras la muerte por asfixia de Osamuyi Aikpitanyi –amordazado por sus escoltas–, alienta la violencia y la impunidad policial al legalizar un sinfín de instrumentos represivos”, afirman.
 
A pesar de que este es el contexto en el que se dan los operativos de deportación, y concretamente los traslados desde el CIE de Aluche a Barajas, según indica la Campaña estatal, el juez Ignacio Ubaldo González Vega, magistrado del Juzgado de lo Penal nº 20 de Madrid, acaba de condenar a Sandra a 6 meses de prisión por resistencia a la autoridad y a una pena- multa por lesiones. Su decisión se justifica principalmente en el testimonio policial. La propia Campaña denuncia que durante el proceso previo a la vista oral, el juez no tomó ninguna iniciativa –tal y como solicitó el equipo de abogadas de Women´s Link, responsable de la defensa de Sandra– para acceder a las posibles grabaciones de lo sucedido. Tampoco para averiguar por qué sólo hay parte médico de uno de los policías y por qué no existe ninguno que refiera las atenciones médicas que se le practicaron a Sandra en el CIE de Aluche.
 
Mientras el proceso contra Sandra ha avanzado hasta esta sentencia condenatoria, la denuncia que ella presentó contra los policías aún está en trámite, e incluso el juzgado ha intentado archivarla en dos ocasiones. Frente a la petición por parte de la defensa de Sandra de que ambos procesos se acumularan, ésta fue denegada. Para la Campaña estatal todo ello no es sino muestra de la parcialidad del sistema judicial.
 
Sandra había declarado, tras su primer intento de expulsión, ser víctima de trata en su país de origen y estar amenazada de muerte. A pesar de ello, no le fue reconocida la protección por parte de las autoridades españolas. Esta sentencia pone en peligro su presencia en España, al dificultarle la renovación del permiso de residencia y trabajo, ya que este tipo de antecedentes penales y “policiales” son utilizados el Ministerio del Interior para impedir la renovación de las tarjetas de residencia. Esta sentencia pone en riesgo, por tanto, una vez más, la vida de una mujer víctima de trata y de su familia en el país de origen.
 
Es por ello de que desde la Campaña por el Cierre de los CIE concluyen mostrando su indignación por la sentencia firmada por el juez Ignacio Ubaldo González Vega. “La connivencia de jueces y fiscales es condición necesaria para mantener engrasada la maquinaria de los internamientos y las deportaciones. Que jueces que dicen representar valores democráticos y principios progresistas tomen estas decisiones demuestra hasta qué punto esa complicidad del aparato judicial está generalizada. Estas decisiones facilitan que los policías, sistemáticamente, se dediquen a denunciar a las personas a las que previamente han golpeado, a sabiendas de que en la inmensa mayoría de los casos los jueces les dan la razón.”
 
Así mismo muestran su apoyo a Sandra en este largo proceso judicial, y afirman que la sentencia será inmediatamente recurrida. Además, exigen que se celebre de una vez el juicio contra los policías. La Campaña quiere además extender su solidaridad a todas las personas que sufren las deportaciones y la violencia policial, tanto en macrovuelos o vuelos especiales, como en vuelos comerciales (es el caso de Sandra), o en barcos de deportación (con destino a Argelia). Por ello hacen un llamamiento a la movilización con el objetivo de parar las deportaciones de diversas maneras: boicoteando al grupo Globalia (Air Europa, Viajes Ecuador, Halcón Viajes, Pepe Phone, Travelplan, Belive...) y a Swift Air, empresas que se lucran con el sucio negocio de las expulsiones, sumándose a las acciones de la Campaña y solidarizándose activamente con las personas que son deportadas en vuelos comerciales: “los y las pasajeras pueden parar una deportación si la detectan (suelen llevar a las personas deportadas en la parte trasera del avión) y se niegan a que una persona viaje por la fuerza en el vuelo. Simplemente negarse a sentarse o a ponerse el cinturón de seguridad puede ser suficiente para que se detenga la deportación”, recuerdan.

jueves, 15 de mayo de 2014

Un interno del CIE denuncia a dos policías por tratarlo "como un animal" para deportarlo

La querella dice que los pilotos se negaron a llevarlo por el estado en que lo tenían los agentes

   BARCELONA, 14 May. (EUROPA PRESS) 
Un interno del CIE se querella contra dos policías

   Un inmigrante de Guinea Bissau se ha querellado contra dos agentes de la Policía Nacional porque, según ha denunciado, lo trataron "como un animal" y le propinaron insultos racistas durante dos intentos de deportarlo desde el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de la Zona Franca de Barcelona.
   En una atención a los medios este miércoles ante la Ciudad de la Justicia, Alfredo, que lleva casi nueve años en España, ha asegurado que en dos ocasiones --21 de diciembre de 2013 y 12 de enero de 2014-- los agentes lo llevaron al Aeropuerto de Barcelona para deportarlo pero, según su versión, los pilotos se negaron a llevarlo en la condiciones en que lo tenían los policías.
   Según la querella, presentada este martes y a la que ha accedido Europa Press, el 21 de diciembre los agentes lo llevaron al aeropuerto y le ataron con correas y lo metieron en el avión "como si fuera un saco de patatas" en una furgoneta para llevarlo hasta la pista de aterrizaje.
   Ya en el avión, el piloto, al ver el estado en el que se encontraba Alfredo, "se negó a llevarle y les dijo a los agentes que en ese avión no sería deportado" --siempre según la querella--, con lo que los policías lo condujeron de vuelta al CIE.
   En el coche, uno de los agentes supuestamente le propinó insultos racistas: "Negro de mierda, te irás por las buenas o por las malas", y "si no te comportas bien para ir a tu país te vas a enterar", le dijo.
   El 12 de enero los mismos agentes volvieron a intentar deportarlo y, tras atarlo con correas como si fuera un paquete, uno de ellos lo amenazó con que si gritaban le harían lo mismo de la vez anterior; dentro del avión lo ataron a una butaca y los policías se sentaron uno a cada lado.

PIDEN QUE TESTIFIQUEN LOS PILOTOS

   Cuando Alfredo protestó porque no quería ser deportado, uno de los policías le dio "un bofetón en la cara", según la querella, y, después de que el piloto se negase a llevarlo, lo condujeron a la comisaría del mismo aeropuerto y le prepararon la documentación para su puesta en libertad --ya había cumplido los 60 días de estancia máxima en el CIE--.
   "Le dejaron tirado delante del aeropuerto, delante de la Terminal 1, sobre las 23 horas", sostiene la querella, que acusa a los agentes de un delito contra la integridad moral; piden al juzgado que cite como imputados a los policías y, entre otros testigos, se cite a los pilotos.

(Leído en Europapress.es el 14/05/2014)

lunes, 21 de noviembre de 2011

Navidad sin Top Manta en la calle

Fue la primera orden que transmitió Rafael Felgueroso a la Policía Local después de tomar posesión como primer teniente de alcalde y concejal delegado de Seguridad Ciudadana: hay que terminar con el top manta en la ciudad. Era el pasado mes de junio, a los pocos días de hacerse Foro con el gobierno municipal de Gijón. El propio edil admitía que no era presentable la permanente hilera de vendedores en la calle, con sus mantas, copias y falsificaciones de todo tipo, en cualquier punto de la ciudad, pero, sobre todo, en el entorno de la calle Corrida, de los Jardines de la Reina y en el Muro. Era, todo el mundo lo sabía, una venta ilegal, tanto con el Código Penal como con la Ordenanza de Venta Ambulante de Gijón en la mano. Ilícito, pero permitido desde el Ayuntamiento, para desesperación de los comerciantes que, durante años, denunciaron esa anómala situación sin los resultados deseados. 
Todo empezó a cambiar a partir del pasado verano. La orden de Rafael Felgueroso tuvo unos efectos casi fulminantes. Así lo admitieron a EL COMERCIO tanto Sergio Fernández Valle, asesor municipal de Seguridad Ciudadana desde el pasado mes de julio, como Alejandro Martínez Gallo, jefe de la Policía Local. Por primera vez en muchos años, los manteros han desaparecido de las calles de Gijón y sólo tienen presencia, de forma residual, en algún establecimiento, sobre todo de hostelería, donde llevan sus mercancías. Hasta el Rastro, no hace demasiado tiempo lugar de cobijo dominical de los top manta, ha quedado limpio de esta venta ilegal.
Entonces, ¿que ha pasado para que la situación cambiara de forma tan radical en unos pocos meses? Las normas son las mismas, pero no la decisión política adoptada por Foro desde el Ayuntamiento de Gijón, que dio un giro radical a la situación. De hecho, Alejandro Martínez Gallo recuerda la «orden terminante» de Rafael Felgueroso para que la Policía Local actuara sobre los manteros y velara por el estricto cumplimiento de la legalidad. El resultado fueron tres habitáculos de la Jefatura de la Policía Local repletos de mercancía decomisada que, por sí mismos, justificarían un variado mercadillo. 
Desde gafas hasta camisetas pasando por los cedés de rigor, bolsos y un largo etcétera. En resumen, lo que habitualmente se veía sobre las mantas en las calles de Gijón. Los decomisos de esta mercancía se llevaron a cabo, en su inmensa mayoría, el pasado verano. Ahora, todo ese material tendrá que 'dormir' durante un año en las dependencias policiales, porque es el plazo legal que se establece para el caso de que pudiera ser reclamado por sus propietarios, algo más que improbable, es más, casi imposible, pero así son las normas. Si algún mantero pretendiera recuperar lo decomisado, de mano debería de pagar una sanción de 53,60 euros, según se prevé en el reglamento municipal. Nunca se ha dado el caso. 
Los decomisos del pasado verano tuvieron un efecto inmediato entre los propios manteros. Alejandro Martínez Gallo explicó que actuaron agentes tanto de paisano como uniformados, con resultados inmediatos. De hecho, en los últimos años los vendedores de top manta no tenían nada más que observar la llegada de policías locales de uniforme paseando por el entorno para recoger y trasladarse a otro lugar. En esta ocasión, al actuar de paisano, la cosa fue diferente.
Es evidente, así lo confirma Sergio Fernández Valle que, como existe en ocasiones el 'efecto llamada', los decomisos del verano tuvieron un 'efecto rechazo' y los manteros se fueron de las calles de Gijón. A ninguno le interesaba que le decomisaran la mercancía y, luego, tener que pagar para rescatarla. 
Aunque la Ordenanza Municipal de Venta Ambulante donde se regula esta cuestión se aprobó en pleno municipal el 14 de mayo de 1999 y las sanciones todavía se cuantificaban en pesetas, nunca se aplicó. La Policía Local detenía a los manteros y los ponía a disposición del juez en base al Código Penal. En suma, reconoce, entraban por una puerta y salían, eso sí, sin mercancía, por otra. El problema no tenía visos de solucionarse. 
Ahora, los comerciantes han percibido el cambio. Las calles están limpias de manteros y, después de años de clamar en el desierto, vivirán la primera campaña de Navidad con las vías limpias de vendedores ilegales.
(Visto en El Comercio)